



Hay momentos en la vida de un artista en que se detiene y echa una mirada atrás, al que ha sido, para poder entender mejor al que es y, así, seguir creciendo. Eso hace Javier Barón en 'Dos voces para un baile'. Y el resultado es un ejercicio de desnudez, de despojamiento de su baile y de los elementos que lo rodean, para quedarse con el tuétano. Y el tuétano es la música y las voces y el ritmo. Dos guitarras cómplices y luminosas, el compás preciso y versátil y dos cantaores extensos, generosos y en estado de gracia. Sólo eso. Eso y el baile de Barón.